jueves, noviembre 29, 2012

Los interlocutores de la derecha argentina

Sigo creyendo ferviertemente que se vuelve de (casi) todo menos del ridiculo.

Que a la derecha del Mundo se le haya parado el reloj no es bueno, pero que a la de Argentina se le haya parado el calendario creo que es peor...

A las pruebas me remito:

Acabo de recibir el posteo de un blog de análisis político, de línea liberal, de derecha obvio, El agente de CIPOL. Esto posteo uno de sus administradores, Marcos Novaro, conocido en la ultima decada por sus pronosticos apocalipticos. Pero hoy se llego al pinaculo de la idiotez.
Hoy, 29 de noviembre, (la fecha es importante por eso repito el "hoy) escribe - o, por lo menos, sube a su blog:

  "¿Caerá Argentina una vez más en default? Los especialistas sostienen que es bastante probable, y lo atribuyen al choque entre dos posturas cada vez más duras e inconciliables: la de rebeldía del gobierno argentino (“no pagaremos a los fondos buitre, aunque el juez falle a su favor“, etc.), y la del juez en defensa de su investidura.  Se estima además que, pese a los malos resultados alcanzados hasta aquí con su estrategia, Cristina Kirchner no desandará el camino del “repudio al fallo”, se negará a hacer el depósito ordenado por Griesa antes del dead line del 15 de diciembre y desoirá las sugerencias de ofrecer pagos parciales que podrían convencer al juez de rever su postura. En suma, seguirá prefiriendo politizar la cuestión a mejorar las chances de una salida negociada por vía judicial. Así, no dejaría más alternativa al juez, a la Cámara de apelaciones y a la propia Corte Suprema norteamericana que disponer un castigo ejemplar, en defensa propia".
"... Fue un grave error de cálculo de la presidente el que alentó a Griesa a adoptar una postura inéditamente favorable a los fondos buitre, desoyendo las preferencias del sistema financiero: y es que el propio gobierno argentino, al dar a entender que no acataría un fallo en su contra, quitó relevancia a los argumentos a su favor que esgrimieron los bancos, los bonistas reestructurados y la propia Reserva Federal, que en un contexto más amigable podrían haber convencido al magistrado de que sus resoluciones siguieran una vía media, dándole un poco de razón a cada parte. Dada esta situación, ya no hay mayores motivos para que el sistema financiero insista con su postura conciliadora: es más probable que intente ahora aislar el caso argentino, para que no siente precedentes negativos que dificulten futuras reestructuraciones y nuestro caso quede como “la excepción que verifica la regla”.

Éstas líneas nos parecen mas que absurdas hoy, cuando el fallo de Griesa ha sido suspendido, y sólo se puede explicarse asi, o Novaro es un completo imbécil, o lo escribió hace más de un día, y un colaborador (otro imbécil)  no lee sus posteos y lo subió justo hoy. Cualquiera de las dos causas demuestran el desconcierto de nuestra derecha vernacula con relacion a los nuevos vientos que soplan.

Una parte, pequeña quizas, pero influyente, de nuestra sociedad ha internalizado tanto los criterios externos a nuestros intereses que encuentra lógico y natural darle la razón al adversario, y hasta justificar sus despropósitos dibujandolo como errores o "inconductas" de nosotros.
Por eso se le paro el calendario alla por los 90' o posiblemente antes. Y por algo, a pesar de todo, Arturo Jauretche nunca pasa de moda...

martes, noviembre 27, 2012

Los efectos del dinero sobre nosotros...

El dinero y los vínculos sociales 


Uno de los grandes misterios de mi vida es por qué decidí ser economista, siendo que en general no me gusta para nada la economía. Pero cada vez que leo cosas sobre “Economía del comportamiento” me doy cuenta qué fue lo que me atrajo. En particular, me pasó mucho eso al leer el libro “Freakonomics” y su secuela, “SuperFreakonomics”.
Leyendo este último supe de un experimento fascinante que hizo un economista de la Universidad de Yale: investigar qué sucede si introducimos el uso de dinero en monos. Los resultados son sorprendentes y las potenciales conclusiones muy profundas.
Adam Smith creía que la capacidad de usar dinero e intercambiar eran características solamente humanas. Alguna vez escribió: “Nobody ever saw a dog make a fair and deliberate exchange of one bone for another with another dog” (“Nunca nadie vio a un perro hacer un intento deliberado de intercambiar un hueso por otro con otro perro”). La idea de Keith Chen fue explorar qué sucedía si se introducía “dinero” en una colonia de monos capuchinos.
El modo en que lo hizo fue, en vez de directamente alimentarlos, entregarles un disco similar a una moneda cambiable por diferentes tipos de alimento (por ejemplo, dos rodajas de manzana o tres uvas). Tomó algunos meses pero los monos aprendieron a valorar estas monedas como la comida misma.
Establecido el uso del dinero, vino la primera sorpresa. Una vez que los monos estaban habituados al cambio de monedas por comida, Chen modificó los precios relativos. De repente, a cambio de una recibías menos uvas y más manzanas. ¡Los monos respondieron racionalmente, aumentando proporcionalmente su demanda de aquello cuyo precio había bajado!
Pero las similitudes con los humanos recién comenzaban… Un día, mientras los investigadores hacían el reparto diario de monedas a cada mono, uno de ellos los sorprendió, les arrebató la caja con todas las monedas y huyó! En ese sencillo acto, este creativo simio había inventado el “robo de bancos” y la “fuga”.
Al huir, se le cayó la mayoría al suelo y se desató una lucha entre todos en la jaula por recogerlas, muestra clara de que entendían perfectamente el valor de las monedas. Para recuperarlas, los científicos tuvieron que darle “coimas” a los monos, validando a fin de cuentas la lección de que “el crimen paga”.
Pero el más sorprendente de todos los hechos estaba aún por llegar: días después, Chen vio a uno de los monos entregándole una moneda a otro. Sorprendido, se preparó para documentar la primera evidencia de conducta altruísta espontánea entre monos. Pero… Esos dos monos, unos pocos minutos después… ¡¡¡estaban teniendo sexo!!!
Después de esto, a instancias de las autoridades del laboratorio de monos, el experimento se detuvo por la preocupación de que el uso del dinero dañara irreparablemente su estructura social. El capítulo de SuperFreakonomics termina diciendo (en traducción mía): “Si los monos capuchinos fueron tan veloces en volcarse a la prostitución, imaginate cuán rápido el mundo se hubiera llenado de monos asesinos y monos terroristas, monos contaminadores que contribuyeran al calentamiento global (…)”.
Como plantean Dubner y Levitt, autores del libro, más allá de lo gracioso de la anécdota, las conclusiones son perturbadoras porque llevan a preguntarnos cuál es el rol del dinero en las sociedades humanas. Y a pensar en qué medida nuestros vínculos y nuestra estructura social podrían estar tan corrompidos por el dinero como los investigadores temían que les sucediera a los monos.

 

El dinero hace a las personas más malvadas y menos empáticas Autor: pijamasurf

Psicólogos de la Universidad de California en Berkeley realizan un experimento en el que descubren que las personas ricas tienden a ser menos empáticas y sensibles hacia los problemas de los demás, volviéndolas desagradables o francamente malas.
Aun cuando, a su manera, el dinero es una de las invenciones más sorprendentes del ingenio humano, sobre todo si tomamos en cuenta el nivel simbólico y de abstracción que lleva consigo, paralelamente tiene una de las reputaciones más siniestras que podrían adjudicarse a un elemento de nuestra realidad. Desde cierta perspectiva el dinero se asocia con la maldad, el egoísmo y otros comportamientos afines que hablan de una pobre calidad humana.
Y si bien esto podría considerarse únicamente conseja popular, un estudio reciente de la Universidad de California en Berkeley ha confirmado que, en efecto, el dinero puede hacer a las personas más malvadas y menos empáticas para con sus semejantes.
En el experimento realizado por los psicólogos Paul Piff y Jennifer Stellar, dos estudiantes universitarios jugaron el conocido juego del Monopoly en un cuarto cerrado pero con videovigilancia, con la salvedad de que las reglas estaban manipuladas de tal modo que uno de ellos tenía una clara ventaja sobre el otro. Además, el ganador era un hombre delgado y enfundado en una playera entallada, mientras que el inevitable perdedor era un hombre obeso y de lentes.
Para sorpresa de los investigadores, durante el juego el participante aventajado experimentó una increíble evolución de su ánimo con respecto a su contrincante: mientras más dinero ganaba, peor se portaba con el otro estudiante, burlándose de él y calculando puntualmente su estrategia para seguir acumulando ganancias.
De acuerdo con los investigadores, estos resultados, apoyados por otros estudios realizados al respecto, confirman que las personas ricas son comúnmente más egoístas, menos empáticas y menos compasivas, todo lo cual las hace también más desagradables.
Para Paul Piff, las personas acaudaladas tienden a privilegiar sus propios intereses, sin importar el comportamiento que demuestren hacia el exterior persiguiendo estos objetivos. Por su parte Jennifer Stellar asegura que la poca sensibilidad de quienes gozan de una posición tan acomodada se explica justamente porque en su vida no han tenido que enfrentar grandes tribulaciones.

Dan Ariely pregunta: ¿tenemos control de nuestras decisiones? 

El economista de la conducta Dan Ariely, autor de Las Trampas del Deseo, utiliza ilusiones visuales clásicas y sus propios contraintuitivos, y a menudo impactantes, hallazgos en investigación para mostrarnos cómo no somos tan racionales como creemos al tomar decisiones.

Fuente: http://www.ted.com/talks/lang/es/dan_ariely_asks_are_we_in_control_of_our_own_decisions.html

 

Y la frutilla del postre... 

Una vez por año, en medio del desierto yanqui, se junta la gente más variopinta para construir una ciudad en donde todo vale, menos el dinero y la violencia. ¡Ah, qué belleza! Ahi va:

 Postales de Burning Man

▣ Escribe Gustavo Faigenbaum
▣ Ilustra Gerry Garbulsky

Tengo en mis manos un vaso de absenta, una bebida alcohólica de sabor similar al anís que estuvo de moda en Francia a finales del siglo XIX y principios del XX. La absenta fue especialmente popular entre quienes militaban en el movimiento surrealista, quizás a causa de los efectos alucinógenos que provoca cuando se consume en exceso. La bebida está prohibida en Estados Unidos; sin embargo es allí donde me encuentro: en un bar de la ciudad de Black Rock, ubicada en el medio del desierto del mismo nombre, al norte del estado de Nevada.
El precario bar está construido con cañas, tablones de madera y papel; el piso es de arena. Solamente se sirve absenta casera fabricada por los responsables del establecimiento, nada más. El líquido que llena mi vaso es de un color lila claro, que no guarda relación con el supuesto sabor albahaca que declaró la moza. El menú, escrito en una pizarra, incluye otras coloridas opciones: durazno, kiwi, leche, sandía, perejil y apio.
Hay mucha gente y la conversación es animada. Acabo de terminar de discutir sobre Hegel con un chico que va al college en California. Cuando entran clientes, la moza pregunta “are you thirsty?” y llena los recipientes sin esperar respuesta. Muchos parroquianos traen sus propios vasos y jarritos; otros usan las pequeñas copas de vidrio que ofrece el bar. La absenta se regala a todo aquel que cruza la puerta, ya que en esta ciudad de diseño circular y cuarenta mil habitantes fundada hace tres días no se admite el uso de dinero, sino que impera una economía del don: los bienes y servicios circulan gratuita y generosamente. Django Reinhart suena en los parlantes. El bar queda en la intersección de las calles Anxious y 7:30.
Ahora estoy hablando copa en mano con una hermosa mujer norteamericana, pecosa, morocha y de pelo lacio, vestida con un atuendo del siglo XVIII. Tras enterarse de que vengo de Argentina, me cuenta que es sobrina del almirante Massera. El trago se me sube a la cabeza y le digo algo así como: si los torturadores cayeran desde un helicóptero en un mar de absenta, antes de ahogarse podrían unir sus lenguas bífidas en una gran ronda eléctrica, entrar en fase y enterarse de que sus cuerpos son banderines de papel. Ella tira mi vaso al piso, me abraza y me besa. Cierro los ojos durante ese beso largo y húmedo, y entiendo que me besa para mostrarme que el mar de absenta está en su boca, y me entretengo nadando un rato entre la marejada. Afuera es de noche, es el desierto, y hay una tormenta de polvo seco y negro, y yo soy un extranjero, pero adentro todo es cálido y húmedo. Me parece bien que me abracen; me están consolando de una tristeza que no sé de dónde viene.
En 1986, un grupo de amigos se reunió en Baker Beach, San Francisco, para tallar en madera una escultura de un hombre de casi dos metros y medio de altura; una vez completada la obra, la quemaron. Los muchachos la pasaron bomba y decidieron repetir el evento todos los años. Con cada nuevo encuentro fue creciendo el número de asistentes así como la altura del hombre de madera, que en 1990 llegó a los doce metros. Ese año, la fiesta adoptó oficialmente el nombre de “Burning Man”, se trasladó al desierto de Black Rock, en el estado de Nevada y asistieron unas cien personas.
La Sociedad de la Cacofonía, integrada por artistas e intelectuales de San Francisco, ayudó a publicitar el evento, que también empezó a difundirse de boca en boca y a través de la incipiente internet. En 1995 asistieron cuatro mil personas y en 2010, llegaron a cincuenta mil. Ese año, el hombre de madera tuvo treinta y dos metros de altura.
Y así es que cada doce meses y durante una semana, una multitud se da cita en el desierto de Black Rock con el objeto de edificar una urbe consagrada a diez principios fundamentales:
1. Inclusión: todos pueden participar.
2. Economía del don: los participantes de Burning Man se dedican a regalar generosamente lo que tienen a los demás sin esperar nada a cambio.
3. Desmercantilización: el evento no tiene patrocinadores y no se admite publicidad. Si llevás una remera que tiene un loguito de Nike, te piden que lo cubras.
4. Supervivencia: aguantar una semana en el desierto no es fácil. Hay que tener algo de esta-do físico y poder prescindir de unas cuantas comodidades.
5. Auto-expresión radical: cada uno muestra a los demás las cosas que le gustan y sabe hacer. Así, mientras uno recorre las calles de Black Rock City es invitado a presenciar shows de magia, recitales de poesía y conciertos de piano. También puede recibir clases de matemática avanzada o de capoeira, y disfrutar de un buen masaje o de un enema de café (en este último caso se solicita al beneficiario traer su propio equipo “enemático”, por una cuestión de higiene).
6. Esfuerzo colectivo: en Burning Man cada uno está colgado de su propia palmera, pero todos ponen su granito de arena para cuidar la fiesta. En cada campamento, la gente se pone de acuerdo para cocinar y para lavar los platos; si hay un escultor que necesita ayuda para completar su obra no faltan manos que colaboran; siempre aparecen los voluntarios cuando hay que limpiar un campamento o levantar una estructura.
7. Responsabilidad cívica: ilustramos este punto mencionando que todos cuidan los baños químicos para que puedan ser usados durante los siete días de la fiesta. Nadie tira basura al piso. No hay robos ni violencia. Esto contradice el sentido común de cualquier periodista de telediario, ya que el público consume alcohol y drogas, y hay pocos agentes del orden. Burning Man es un prodigio de amor, buena onda y tolerancia.
8. No dejar rastros (leave no trace): de un modo obsesivo y fanático se apunta a que, cuando se desarme la última carpa, el desierto quede exactamente igual que antes del festival. Ni un papelito volando por ahí, ni una mínima mancha de aceite en el piso.
9. Participación: no vale ser espectador, hay que jugarse y meterse en las actividades.
10. Inmediatez: para vivirla hay que estar. Estar en el medio de una serpiente de metal gigante que arroja fuego por la boca; estar en una marcha a favor de los conejos (bunny power) o en una reconstrucción exacta de una batalla de La Guerra de las Galaxias.
Entonces, ¿qué es Burning Man? Quienes hemos estado ahí sabemos que no es fácil explicar de qué se trata todo esto. Hay tantas versiones de esta fiesta como burners o visitantes.



La ciudad tiene un diseño circular con avenidas concéntricas. Hay distintos barrios, y dentro de ellos cientos de campamentos organizados por afinidades temáticas. Uno de mis favoritos es el “Barbie Death Camp & Wine Bistro”, un campamento que funciona también como campo de exterminio de barbies. Las muñecas están por todos lados, mutiladas, sangrantes, ahorcadas, colgando todavía de las sogas. Como asistí al festival con mi esposa y mi hija de dos años y medio, levantamos nuestra carpa en Kids Ville, el barrio donde paran las familias con chicos. Allí me hice amigo de algunos personajes interesantes: David, un exitoso ingeniero de software en Oracle, que a los cuarenta años decidió que en realidad le interesaba el Derecho y largó todo para estudiar abogacía. Llevó a Burning Man unos tubos de gas de dentista para compartir; Rita, una cantante de ópera que nos deleitó con su interpretación de Tannhäuser, de Wagner; Nick, psiquiatra de San Francisco que practica terapias con drogas psicodélicas, quien también se mostró generoso a la hora de convidar a sus vecinos algunos cócteles especialmente diseñados para el festival; Laura, una lesbiana algo excedida de peso, que vino con su pareja y sus hijas. Solía pasearse desnuda por el campamento, con su cuerpo totalmente pintado de violeta. Su carpa era una especie de jardín de infantes, organizaba juegos y les contaba cuentos a los chicos de los vecinos; Rob, que se subía al capó de su camioneta para declamar poesía sufí, desnudo, y regalaba porciones de arroz con mango a quienes pasaban por su lado; y John, escritor de guiones de películas para Hollywood. Ya vendió cinco, pero los estudios solo compran el derecho de filmarlas, para luego decidir si se embarcan en el proyecto. Hasta ahora, ninguna de sus películas ha visto la luz. A mí me parece el trabajo ideal, sin embargo él se siente frustrado con la perspectiva de que su público esté compuesto exclusivamente por los miembros del board de Universal o Miramax.
En la mitad del Kids Ville había una gran cama elástica redonda, rodeada de tules y disfraces para los pibes, que mi hija gastó durante horas. A mi mujer y a mí nos hacía mucha gracia la normalidad con la que nuestra hija se tomaba todo ese universo delirante. Después de todo, la gente era cordial y las otras nenas la invitaban a jugar. Las personas desnudas o las esculturas gigantes no le llamaban la atención, pero de pronto podía detenerse fascinada frente a una señora con un vestido de lentejuelas, que sí ameritaba un “wow!” de su parte.
En las comedias románticas gringas, cuando el galán se va con otra, la chica aguanta la depresión clavándose medio kilo de helado mientras llora y ve películas viejas en la tele. El helado siempre es de la afamada marca Ben & Jerry’s. Ben y Jerry son los fundadores de la fábrica, unos señores que comenzaron a vender helados en 1977 luego de haber aprendido el oficio a través de un curso por correspondencia. Ellos han sido empresarios muy exitosos a la vez que hippies impenitentes, y siempre se han situado a la izquierda del espectro ideológico yanqui; son dueños de un imperio y militantes progres que sistemáticamente pusieron a diversas causas sociales y ambientales por encima de sus negocios.
Un día de mucho calor en el desierto de Black Rock se corrió la voz de que en Central Camp alguien estaba regalando helado. Fuimos de inmediato. Seis personas habían venido con un par de vans, habían puesto unos tachos de helado sobre tablones, y estaban convidando cucuruchos a la multitud. No eran patrocinadores, no estaban haciendo marketing, no había nada que delatara la marca del helado. Repartieron doce mil bochas; la mía fue de chocolate. Después me contaron que el viejo gordito que me sirvió mi cucurucho era Ben.
En Burning Man un día te levantás y consultás las actividades programadas en una guía enorme que te dieron al registrarte. También revisás la Black Rock Gazette, un diario que se edita durante los siete días del festival. Hay miles de opciones; marcás con un lápiz los eventos que llaman tu atención. Seleccionás un par para la mañana, otros tres para la tarde. Desayunás y empezás a caminar por la ciudad. No importa lo que hayas programado: por suerte, no vas a llegar a destino. Algo más interesante que los eventos elegidos va a desviar tu atención.
A la noche, después de haber conocido mucha gente y haber estado metido en muchas situaciones extrañas, te sentás en un sillón rojo bien acolchadito. Corre una brisa fresca del desierto. Enfrente tuyo hay una escultura gigante de un corazón. En el pecho te pusieron un micrófono que amplifica los sonidos de tus latidos. El equipo posee unos bajos de puta madre; el bombeo resuena como los pasos de un gigante atravesando un corredor vacío, o como los martillazos de Víctor en El hombre de al lado. Los latidos también activan un sistema de antorchas que reciben cargas de combustible, en sincronía con tus latidos y con otro mecanismo que hace vibrar tu sillón. Estás dentro de tu propio corazón. Lo percibís a través del oído, la vista (las luces de las antorchas), y el tacto (la vibración del sillón, el calor del fuego).
No querés irte a dormir todavía, así que te trasladás a otro sector de la ciudad en algún vehículo mutante, diseñado por algún grupo de artistas plásticos, porque sí. Por ejemplo, te tomás el barco pirata que recorre el desierto sobre ruedas, impulsado principalmente por el viento que pega en sus velas. O quizás te invitan a pasear en un autito eléctrico de chasis redondo, camuflado de torta de chocolate, o en un camión que parece salido de una escena de Blade Runner y lleva a cincuenta personas bailando adentro.
Llegás a una de las tantas discos construidas para durar una semana; todas serán desarmadas o destruidas luego del evento. Estás invitado a todas; en ninguna cobran entrada; en todas alguien te convida un trago. Flasheás con una que tiene música japonesa y rayos láser. La gente despilfarra sus fortunas personales en construir esos boliches fantásticos en la mitad del desierto, solo porque son hermosos, solo para celebrar.
O, quizás, decidís visitar una vez más tu bar favorito, en el que solo se sirve absenta.
El cuarto día del festival nos tocaba a los habitantes de Kids Ville ofrecer un espectáculo en el escenario central. Por suerte no había mucha gente mirando. Yo me había ofrecido a cantar un tema de Wilco; lo había practicado el último par de días con una guitarra prestada. Pero no estaba convencido de lo que iba a hacer, y tenía miedo de desafinar. Una nena de unos diez años, de la única familia negra de Kids Ville, abrió nuestro segmento y nos hizo quedar más que bien: se calzó la guitarra y tocó el blues “Stray Cat Strutt”, de los Stray Cats. La descosió y fue ovacionada. Después arrancó con Here, uno de mis temas favoritos de Pavement, que empieza diciendo (traduzco):
“Estaba vestido para triunfar / pero el éxito nunca llega. / Y soy el único que se ríe / de tus chistes, cuando son malos. / Y tus chistes son siempre malos. / Pero no tan malos como esto. / Vení, unite a esta plegaria. / Estaremos esperándote donde todo termina: acá. / Gastemos los últimos veinticinco centavos al azar. / Bajemos al outlet una vez más”.
La canción presagiaba mi fracaso, revelaba que yo estaba vestido para triunfar pero iba a hacer un mal chiste, un papelón. No iba a cantar el tema de Wilco. Me metí la mano en el bolsillo. Allí encontré una lista de compras para Burning Man, manuscrita en un papel del trabajo. Del otro lado estaba impreso un listado de localidades de la provincia de Buenos Aires. Eran todas femeninas y de pronto me parecieron hermosas. Cuando me llamaron al escenario rechacé la guitarra y declamé lo siguiente:
“La Amistad, La Amorilla, La Angelita, La Armonía, La Aurora, La Azotea, La Azotea Grande, La Azucena, La Barquita, La Barrancosa, La Beba, La Bicha, La Blanca, La Bolsa, La Brava, La Calabria, La California Argentina, La Campana (Saladillo), La Carlota, La Carreta, La Catalina, La Cautiva, La Central, La Colmena, La Colorada Chica, La Colorada (Azul) —acá me tenté pero me mordí los labios y seguí—, La Constancia, La Copeta, La Cotorra, La Dorita, La Dulce —a esta le puse énfasis—, La Emilia —acá me aburrí del orden alfabético y salteé algunas hasta llegar a otras que me gustaban especialmente—, La Fortuna, La Gloria, La Gracielita, La Herminia, La Lucila, La Lucila del Mar, La Negra, La Nélida, La Nevada, La Nueva Hermosura, La Pochola, La Querencia, La Rabia, La Razón, La Reja, La Yesca, Las Cuatro Hermanas, Las Cuatro Puertas”.
Me detuve. Hubo algunos tímidos aplausos. Me bajé del escenario sintiendo que había salvado mi dignidad. Todavía guardo ese papel.
La mugre (sudor y polvo) se acumulaba sobre mi piel, que empezaba a picarme. Tenía que bañarme, y el agua de nuestro campamento no alcanzaba. Junté coraje y fui al “Human Carcass Wash”. El mecanismo era el siguiente: primero te sacabas la ropa (toda) y la dejabas en un piloncito. Después te ubicabas en una de las dos filas paralelas formadas por los “lavadores” (de ambos sexos y de todas las edades). Por el pasillito que quedaba en el medio iban avanzando lentamente los “lavados”. A los lavadores nos tocaba primero enjuagar con mangueras y regaderas a los lavados, que estaban ya egresando del mecanismo. Al rato ascendíamos un puesto (avanzábamos en la fila, en mi caso hacia la derecha) y nos daban jabones y esponjas para que laváramos pies y piernas; luego lavábamos caderas, ingles y torsos, finalmente lavábamos brazos y cabezas. Así llegábamos al final de la fila de lavadores y, cumplido nuestro deber, íbamos ingresando de a uno en la fila central, la de los lavados. El orden se invertía: ahora nos lavaban a nosotros la cabeza y comenzábamos a avanzar posiciones en sentido contrario, mientras el jabón descendía por el cuerpo, hasta ser eyectados, limpitos y perfumados.
La experiencia resultó increíblemente natural. No se cumplieron ninguna de las fantasías: ni excitación, ni asco, ni vergüenza. Salí relajado, impecable.
Había escuchado hablar de Burning Man en 2001 y desde entonces deseaba ir. Yo siempre fui entusiasta de los proyectos utópicos. De chico diseñaba ciudades ideales (¡que también eran circulares!). De un lado de la hoja hacía el plano y del otro anotaba las leyes que regirían la polis. Durante otra etapa de mi vida me dediqué a crear un país perfecto que planeaba instaurar en la Península de Valdés. Aún guardo planos detallados de esa quimera.
A los diecisiete años pude vivir un mes en un kibbutz y ser testigo de un experimento socialista en pequeña escala y del ejercicio de la democracia directa. También me hice fanático del videojuego Simcity ya en su primera versión, creando metrópolis con grandes espacios verdes, y con zonas comerciales, industriales y residenciales bien distribuidas. A medida que aprendía los trucos del juego subía mi índice de popularidad. Una vez casi pierdo un vuelo New York-Buenos Aires por no abandonar un partido.
Y, finalmente, me atrapó la filosofía: la República de Platón, el Estado de Hegel, el marxismo, lecturas que ayudaban en mis balbucientes intentos por encontrar la fórmula de la sociedad perfecta. Como además me gusta ver minas en tetas, no podía ser indiferente a una propuesta como Burning Man.
Desconfío de los estereotipos con que los argentinos solemos desvalorizarnos. No creo que seamos los campeones de la chantada, ni los únicos que gritan o que no respetan las normas de tránsito.
Una tarde nos detuvimos con mi mujer y mi hija para sacarnos unas fotos frente a unas esculturas sorprendentes, una especie de animales fantásticos y multicolores. Y entonces nos habló una persona que había reconocido nuestro acento: “Papá, correte un cacho, que acá estábamos nosotros primero sacando fotos, y me las estás arruinando”. No pude evitar responder con la misma retórica mediocre: “Bueno, hermano... mirá que es grande el desierto, eh, ¿por qué no sacás la foto apuntando para otro lado?”. “Nananá”, me respondió. “Acá estábamos nosotros primero y ustedes pueden sacarse sus fotos cuando terminemos nosotros, ¿ok?”.
El conflicto no pasó a mayores pero me amargó un poco la semana constatar que la única interacción patotera, canchera y amarreta hubiera sido con un compatriota.
Mientras uno se prepara para Burning Man debe conseguir equipo de camping y mascarillas que hagan tolerables las tormentas de polvo volcánico del desierto, comida y agua para una semana, ropa apropiada para los cuarenta grados del mediodía y las temperaturas bajo cero de la noche, linterna, bicicleta y un medio de transporte hasta Black Rock City (que está en el medio de la nada, a tres horas en auto desde la deprimente ciudad de Reno, una copia trucha de la ya trucha Las Vegas). Pero también hay que involucrarse con un campamento o una tribu, preparar el personaje y elegir los regalos que uno va a llevar. Porque nadie llega con las manos vacías. En nuestro caso, armamos unos simpáticos “mate-sets” con una calabacita, bombilla, medio kilo de yerba y un manualcito en inglés sobre cómo tomar mate. Llevamos treinta y cinco.
Todo se regala. Los seminarios, los tragos, las fiestas, los shows, la comida. Todo es gratis. En Burning Man, uno da lo que tiene y recibe de otros; uno es lo que ofrece. Cuanto mayor es el desprendimiento con el que damos, más fuertes son las reacciones emocionales que generamos en los demás. Es el potlatch. Mi hija lo entendió rápidamente y aprendió a pedir golosinas (candy!) a cada persona que conocíamos. Recibió demasiadas. Una chica que no tenía caramelos que donar le fabricó la caña de pescar: un cartelito que decía “My name is Lola and I want candy” y que mi hija se colgó del cuello. Los resultados fueron óptimos.
Alguna vez leí que Black Rock City tiene las mismas cosas que cualquier otra ciudad (museos, boliches, estudios de yoga), apenas con un par de diferencias: está en el medio del desierto, no se usa dinero y rebosa de creatividad. Burning Man es una versión posible del paraíso que misteriosamente funciona. Pero no nos equivoquemos: la economía del regalo que el festival instaura no es el futuro, no es la superación del capitalismo. Tampoco es el retorno nostálgico a un supuesto pasado de inocencia. La propuesta, en mi opinión, consiste en tomarnos vacaciones de la sociedad real (a la que los burners llaman “the default world”). Apenas llegás a Black Rock City descubrís que no hay patovicas en la puerta, sino unos voluntarios muy simpáticos que te piden la entrada y te dan la bienvenida y un abrazo. A partir de ese momento, tu estadía en Burning Man es como un tratamiento de desintoxicación: te vas liberando de a poco del tic de sospechar “¿qué me quieren sacar?” ante cada gesto amistoso, te vas sumergiendo en el disfrute del intercambio de objetos, gestos y abrazos, del contacto y el reconocimiento. Empezás a tener ganas de dar lo mejor de vos.
Burning Man te transforma. Hay mucha gente que toma decisiones radicales en ese contexto: cambiar de carrera, de pareja, de país, de forma de vida. La experiencia es liberadora porque cuestiona nuestros hábitos, el modo en que nos acostumbramos a vivir, y a la vez nos revela nuevas posibilidades. Si alguien pudo construir el bellísimo templo gigante por el que estás caminando, totalmente hecho con teclados de computadoras obsoletas y diskettes, por el solo placer de construir algo ¿cuáles son los límites? La libertad te obliga a preguntarte quién sos.
Hay que decir, también, que Burning Man es administrado por Black Rock LLC. En otros términos, la dueña de la fiesta es una compañía que pretende ser rentable. No son monjes budistas ni hippies de San Marcos Sierra. Esa empresa es responsable de proteger el espíritu de lo que sucede en la fiesta, pero también debe tomar decisiones comerciales por las que ha sido criticada muchas veces.
Adentro de este universo paralelo, todo funciona... por ahora. Porque siempre está el peligro de que la fiesta se comercialice demasiado, que los organizadores se vuelvan codiciosos, que el exceso de asistentes termine por desnaturalizar el espíritu comunitario. No hay garantías.
El arte es uno de los protagonistas del festival. Es muy interesante encontrarse con esculturas e instalaciones en este contexto. Hay cientos de obras, muchas de ellas subsidiadas por la Black Rock Arts Foundation. En ese desierto infinito, las piezas se vuelven más cercanas. Las obras están ahí para ser tocadas. Mi hija se hizo experta trepadora de artefactos extraños. Es lo contrario de lo que sucede en el ambiente claustrofóbico de los museos, donde un guardia y una soga son la zanja que nos separa de la obra intocable, sin contexto, incrustada sin más en nuestro presente.
Lo que pasa con los aparatos pasa también con la gente. Uno puede hablar con quien quiera. Todos te responden, todos tienen tiempo y están de buen ánimo. Y, como ya lo mencioné, se ven muchas minas en tetas. Eso también suma alegría, pero hay un límite: las tetas no están ahí para ser tocadas. No sin consentimiento.
La última noche quemamos todo. El ritual comenzó con la danza frenética de ochocientos bailarines con antorchas acompañados por cuatrocientos percusionistas. Después hubo fuegos artificiales; y después se incendió, como todos los años, la figura de unos treinta metros de alto de un hombre, ubicada en el centro exacto de la ciudad. Finalmente, ardieron los templos y las esculturas.
Fue la culminación de la catarsis.
Al día siguiente emprendimos la retirada, más livianos, más felices. Transformados.

 

Fuerte: http://editorialorsai.com/revista/post/n2_burning_man

viernes, noviembre 16, 2012

Volver al Barrio

Enrique Rodriguez fue un hijo de inmigrantes españoles, buenazo, honrado, divertido, muy inteligente y trabajador incansable. 
En sintesis: Un tipo admirable. Tenia 4 amores, su esposa, su hijo, la Gastronomia y San Lorenzo de Almagro. 

A fines de los 60´con mucho esfuerzo consiguio la concesion del Bufett y Restaurant mas importante del CASLA, debajo de la Platea Norte del Gasometro. Fue una epoca muy feliz para El con plena participacion en el crecimiento y la grandeza de su club. Por otras cuestiones un dia perdio a su unico hijo en un accidente, a su bufett en una maniobra fraudulenta y el club de sus amores la cancha y la categoria por el mal manejo interno y las garras de la dictadura militar mas sangrienta y corrupta de la historia argentina.                                                                                                               Se dio el gusto de verlo volver a la primera con Gloria y Honor pero no de verlo campeon de la A nuevamente ya que fallecio en diciembre de 1991. Murio con la tristeza de ver al club grande por el que tanto trabajo, saqueado, sin cancha y con su gente como unico capital valioso.

Por lo general se es hincha de un cuadro por procedencia barrial o por herencia. En mi caso por ambas cosas, pero por sobre todo por haber tenido un tio que fue un ejemplo de vida, un heroe anonimo. 


Enrique Rodriguez fue mi tio, y el responsable que yo sea cuervo.

Que el dia de mi cumpleaños San Lorenzo recupere lo que se le robo no es casualidad, y que pueda volver el Gasometro al barrio, es para mi una forma de tener a mi tio Enrique de nuevo conmigo...

miércoles, noviembre 14, 2012

Ladrones del sueño Americano (Documental 2012)

Título original: Heist: Who stole the american dream?
Nacionalidad: USA
Género: Documental / Sociedad
Director: Donald Goldmacher, Frances Causey.
Distribuidora: MC (AUTLOOK FILMS).
Año: 2012
Calificación moral: No Rec. Menores de 7 años



Argumento: Hace más de cuarenta años el abogado Lewis Powell, más tarde juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, elaboró un documento secreto a instancias de la Cámara de Comercio. En el texto, un tratado utópico sobre el libre mercado de apenas seis páginas, se advertía a los empresarios del peligro que suponían para su actividad los intelectuales de las universidades y los medios de comunicación, y proponía a los grandes grupos empresariales invertir en ellos para tener el control de sus órganos de gobierno.
¿Les suena familiar? 
La crisis actual podría estar directamente relacionada con el fin último de Powell, el control por parte de los grupos empresariales de la legislación y la política del país. Y el golpe definitivo llegó con la Citizens United, la fatídica decisión de la Corte Suprema que dio capacidad ilimitada a las corporaciones y multimillonarios para dar forma a las elecciones con donaciones prácticamente sin restricciones. Este documental analiza en detalle los últimos cuarenta años de política estadounidense, desde la aplicación del Manifiesto Powell hasta la situación actual, con la crisis financiera mundial, el movimiento Occupy Wall Street y el desmantelamiento de la clase media estadounidense...
Fuente texto y más información:
http://www.plus.es/
http://www.bizzentte.com/2012/11/ladrones-del-sueno-americano-2012-documental-c-odisea-espanol/

martes, noviembre 13, 2012

Pobre Gaby!

Hay gente que no está bien 

“Me pasé toda la noche sin dormir. Rezando. Reflexionando. Y pidiéndole a Dios que me ayudara a encontrar la mejor manera de darle una salida constructiva y positiva a este desencuentro que se generó a partir de la entrevista que me hicieron en La Nación”, comentó Gabriela Michetti.
En coincidencia con el mismo día en el que se realizaba la Marcha del Orgullo Gay, la diputada nacional del PRO, tuvo desacertadas expresiones acerca de la posibilidad de adopción entre parejas del mismo sexo.
Sus tweets fueron publicados después de una noche de revelaciones. “Sé que Dios siempre abre e ilumina mi corazón. Y así siento que pasó también esta noche. Por eso pido humildemente perdón si lastimé con mis faltas de certezas y mis dudas. Jamás quise dañar a alguien." 
Y reitero: las declaraciones del diario están recortadas y leídas así son muy feas. 
"Ojalá algún día pueda encontrar respuestas más ciertas para este tema y tantos otros en los que me confieso en camino de aprender".


Realmente hay gente que necesita ayuda...
 
Fuente:  http://joserubensentis.blogspot.com.ar

domingo, noviembre 11, 2012

Analisis del 8N - continuación

 LA VOZ DEL PUEBLO ES LA VOZ DE DIOS

Tras la contundente manifestación de anteayer, no pocos "bienpensantes" de distinto color político, coincidieron en insistir que el gobierno debe escuchar las demandas de ese colectivo heterogéneo que clamó por "libertad", rechazó la re-reelección y exigió centralmente contener la inflación y la inseguridad.
Es obvio que los dirigentes políticos deben escuchar a sus ciudadanos, lo cual suele expresarse en la sentencia latina "vox populi, vox dei". Pero para cumplir con esa máxima, hay que determinar primero si "el pueblo" son los miles de personas que se manifestaron contra el gobierno en las calles o los que se incluyen en los 12 millones que votaron por la reelección de Cristina Fernández. ¿Dónde está el pueblo? Porque tampoco es correcto suponer que la multitud, que tiene obviamente un valor político como emergente de un sector, mide más precisamente la legitimidad que una elección.
Los miles de manifestantes que llegaron hasta el Obelisco en representación del 46%   que no votó a Cristina Fernández, interpelaron repetidamente a la otra mitad de la ciudadanía: "Si este no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está?"
Si complicado es determinar dónde está "el pueblo", más aún es definir políticas que contengan a todos. El kirchnerismo morigeró algunas de las contradicciones más descarnadas del capitalismo, pero hay otras que resultan insalvables por naturaleza. O se protege a los sectores más frágiles, o se favorece un proyecto que apunte hacia arriba.
La decisión de sostener un mercado interno generoso beneficia tanto a la base de la pirámide social como a los sectores medios. Pero los planes sociales son rechazados por buena parte de la clase media. Si abandonara esas políticas, el gobierno perdería su razón de ser y los que marcharían para cuestionarlo serían otros. Aplicar las medidas que difusamente expresan los caceroleros, implicaría definir un modelo de país antitético, al que sostiene el kirchnerismo desde hace nueve años. No habría Dios que justifique una estafa semejante.
LA INFLACIÓN. Los caceroleros culpan al gobierno del alza de los precios, de negar el flagelo y de truchar la medición. En realidad, las remarcaciones las producen los formadores de precios, ya que el Estado ha contenido hasta lo imposible las tarifas de los servicios públicos y los combustibles. Y si la presidenta no habla de inflación, no es porque la niegue, sino porque no quiere alentarla.
Erróneamente, el gobierno se embarcó en una intervención de la medición del Indec de la cual nunca salió. Se lo puede acusar de no transparentar la estadística, pero no de ser responsable de la inflación, ya que es víctima de ella. Aleatoriamente, Cristina Fernández ha señalado que el gobierno no tiene una meta antiinflacionaria, sino de crecimiento. Entre actualizar permanentemente los salarios en paritarias o frenar el desarrollo con ajuste, eligió la primera opción. Se trata de una política opuesta a la que proponen los economistas ortodoxos, a los cuales prefieren los caceroleros. No es que el gobierno sea sordo al tañido de las cacerolas, sino que prioriza el salario y el consumo.
Si para contener la delincuencia los opositores proponen la mano dura, para frenar el alza de precios, la mayoría parece inclinarse por la mano invisible del mercado. Porque resulta francamente inverosímil que estos adalides de las libertades estén dispuestos a bancar una política de precios máximos con aplicación de la Ley de Abastecimiento.
Aunque muchos de ellos resultarían el pato de la boda, la mayoría de los caceroleros parece demandar entonces un ajuste fiscal que recorte la inversión pública, el crecimiento, el empleo, el salario y el consumo popular con el objetivo de frenar la inflación.  Precios máximos o monetarismo y ajuste, son dos opciones a la política actual. No hay otras recetas alternativas a la actual. Como en otras cuestiones, no es que el gobierno no escuche, sino que piensa distinto. Por otra parte, la inflación no fue impedimento para que Cristina fuera reelecta.
LA INSEGURIDAD. Los manifestantes exigen terminar con la inseguridad y afirman que al gobierno no le importa que los delincuentes maten a mansalva. ¿Suponen que la inseguridad real –exagerada por los medios– le concede algún rédito político al gobierno y por eso "no hace nada"?
En el fondo de la demanda, está obviamente la propuesta de mano dura. Cuando piden "hacer algo" están diciendo "mano dura". Para el gobierno, la elevada delincuencia de las últimas décadas es un producto de la exclusión social masiva producida en los '90, que no se cura comiéndose al caníbal, sino con puestos de trabajo, educación, una justicia que funcione aceitadamente y policías honestas. En las dos primeras premisas ha habido avances claros, en la tercera y en la cuarta no. La justicia no actúa con celeridad y ejemplaridad. Y permanentemente estallan situaciones en la Federal y en las policías provinciales que revelan que la polícía no es solución, sino parte del problema.
El gobierno sabe obviamente que la seguridad es una de las principales preocupaciones populares, pero descree de una solución a balazos. Intuye que un piedra libre para el gatillo fácil generaría más inseguridad y muertes inocentes, especialmente entre los hijos de los hogares más pobres.  A su juicio, el camino para reducir la delincuencia es el crecimiento, el empleo, la inclusión social y la educación. Y aunque no pueda admitirlo públicamente porque ello generaría más inseguridad, ese camino demanda décadas porque apuesta a futuras generaciones.
LIBERTAD Y DIKTADURA. El reclamo más incongruente de cuantos realizaron los caceroleros es el de la "libertad", contra la "diktadura" y de mayor calidad instucional, mientras alentaban paralelamente ciertas consignas de tufillo antidemocrático como "que se vaya".  ¿De qué libertad hablan quienes se manifestaron sin ser molestados mientras los medios constataban la libertad de prensa?
En realidad, no pocos caceroleros pertenecen a un sector social al cual siempre se le facilitaron operaciones especulativas. La única libertad claramente conculcada en la Argentina es hoy la de atesorar dólares. El gobierno les niega ahora divisas porque las necesita para pagar una deuda que no contrajo y para sostener la importación de insumos para la industria. De un lado están los que reclaman librecambio y del otro los que quieren que se vuelvan a cerrar industrias y a perder empleo.
La libertad de cambio que exigen implicaría una megadevaluación de impacto regresivo sobre los ingresos fijos y un retorno a los mercados de capital a los cuales la Argentina sólo ingresaría con intereses onerosos por efecto del default. Para constatarlo, está la Fragata Libertad retenida en Tema, por lo cual los caceroleros también culpan a Cristina.
En la Argentina hay libertad de mercado, aunque las posiciones dominantes ya no tienen piedra libre. Algunas pancartas reclamaban que "no quiero que me persigan", cuando en realidad los "perseguidos" son evasores de impuestos. No los corren para matarlos sino para que paguen. Si la libertad es el imperio de la economía sobre la política, es cierto que está afectada, porque el kirchnerismo repuso el valor de la política sobre el mercado.
En cambio, es más congruente la demanda de inmovilismo constitucional. Pese a que no tuvieron ningún problema en abrirle la puerta a Menem, los conservadores fueron históricamente antirreformistas. Mucho más ahora, cuando las encuestas predicen que, a despecho de las multitudes que la apostrofan, Cristina Fernández volvería a ganar una elección si el Congreso la habilitara. Es comprensible que no quieran vérselas de nuevo con semejante candidata.
Fuente texto: diario Tiempo Argentino.

viernes, noviembre 09, 2012

Analisis del 8N

El informe de La Vaca es tan claro que merece transcribirse textual:

8 N: encuentros cercanos de algún tipo

¿Qué es la seguridad? ¿Cómo es la historia argentina? ¿Qué es la libertad? Algunas respuestas sorprendentes pudieron conocerse ayer en la marcha que copó el centro porteño exhibiendo su rechazo al actual gobierno como tema unificador, evento que confirmó que lo masivo, lo popular y lo diverso pueden ser cosas bien diferentes. Además de recorrer el acto, lavaca entrevistó a integrantes de movimientos sociales y comunitarios argentinos. Algunos apuntes sobre Clarín y de qué modo se entienden los temas cruciales de la actualidad, cuando se razonan y sienten las cosas lejos del monocultivo temático de los medios y la agenda política porteña.

Escena 1: queremos libertad
El hombre canoso y dos mujeres caminan con unas remeras en las que se lee en  grandes letras: “Queremos libertad”.
¿En qué consiste su reclamo?
(Sorprendido ante la pregunta que pensé obvia) Bueno, la libertad tiene muchos aspectos. Es muy amplio ¿no?
¿En qué no se respeta su libertad?
Bueno, cuando me cercenan en qué puedo usar mi dinero. Si quiero comprar o vender un departamento, hacer una inversión, estoy cada vez más restringido. Libertad es poder circular por el país.
¿Y usted no puede?
Pero aparece un piquete, un acto.
Este es un acto, aquí no circulan los autos.
Pero es distinto cuando te invaden, cuando un piquete cercena tu libertad. Libertad es que puedas decirle a las autoridades policiales que hagan algo si no quiero que me limpien el parabrisas. Y si no le das una moneda terminan insultándome o escupiéndome. Eso es falta de libertad.
Julio asegura que es docente, y asegura que el problema es que la libertad se convirtió en libertinaje. (Siguiendo el razonamiento, acaso la cuestión no esté en la docencia sino en el docentaje). “Nunca hubo una libertad tan restringida como ahora”. Le recuerdo que para hacer inversiones –su tema- hubo un momento complicado llamado corralito. Y que en general hubo otro momento espinoso para la libertad, llamado dictadura: “Ah, no, pero yo en política no me meto”.
¿Pero usted se manifestó por la libertad en esos momentos?
Yo creo que me quejé, pero tampoco era como hoy tan manifiesto lo restringido de la libertad.
Pero por lo que veo, usted se expresa con total libertad.
Bueno, es cierto. No sé el día de mañana. A veces te presionan. Y si te presionan hoy hay libertad, pero mañana no sé.
Fin de la charla, me declaro incompetente.

Escena 2
Liliana y Mariana reclaman en un cartel: “Si defienden el derecho a voto a partir de los 16 años, defiendan el derecho de los ciudadanos a que se castigue a los menores cuando cometen un crimen”.
 -Señora, ¿los ciudadanos tienen que castigar a los menores?
-A ley pareja nadie se queja.
-Qué piensa cuando hay chicos de sectores vulnerables desaparecidos en esta época, como Luciano Arruga, Iván Torres, Diego Duarte, Daniel Solano?
-(Mira la propaganda de Pepsi) Mire, si es por vulnerables, tendríamos que hablar de la gente que habita el país desde sus comienzos, que no está protegida.
-(Con perplejidad HD) ¿Usted me está hablando de los pueblos originarios, los mapuche?
-Y bueno, respetemos también a los mapuche.
Mariana clarifica la antropología:
-Y a los prefectos y a los gendarmes.

Escena 3
Un grupo de unas 20 personas tienen remeras negras que reclaman por la Fragata Libertad. “Somos un grupo político, pero no tenemos nombre”, me dice uno de ellos. Le digo que no entiendo (mi estado habitual a esta altura). “Somos ciudadanos independientes, hacemos política de acuerdo a lo que pensamos”. Miro bien la remera, el hombre me muestra que hay una firma en todas ellas. Jorge Garayalde, del Pro, nueva sastrería de ciudadanos independientes.
Respetemos a la clase media
“Para ayudar a las clases bajas, respetemos a la clase media”, dice el cartel de Matías, 28 años, trabaja en una empresa de Internet en digitalización de sonido. “Tiene que haber reglas. La gente se rompe el culo y después te perjudican con el dólar, se ve perjudicada la clase media trabajadora”.
¿En qué te perjudica?
Hay inseguridad.
Pero me hablabas del dólar.
Pero también hay inseguridad. Y si por ejemplo quiero viajar a Chile de vacaciones, no puedo comprar dólares. Este es un gobierno socialista que pierde el respeto a las reglas de juego. Le dan a las clases bajas, pero perjudican a las otras.
Oferta de pizza
Ejemplo de lo que decía Martín: pasa un joven y me da un volante de pizza a 22 pesos. Se ríe mirando a la gente. Su nombre es Matías. ¿Qué te parece la marcha? “Todo bien, pero la verdad es que en mi barrio en Florencio Varela, nadie dio tantas cosas como Cristina: trabajo, educación. Ni ahí quiero que la echen estas personas. Que compre pizza y se queden tranca”.
Pasa otro muchacho con un cartel: “Gobierno + 8 N = Argentina”.
Dos rarezas
Veo un muñeco que tiene el emblema de La Cámpora, y los de Barrick Gold, Cargill, Monsanto, IRSA. Detrás una bandera donde se lee “Barrick se escribe con K”. Martín Lerena explica: “Somos Bastión, un grupo juvenil nacionalista. No somos ni de izquierda ni de derecha. No estamos con Macri ni con Cristina. Queremos que no le sigan regalando todo a las multinacionales. En minería, tiene que ser sustentable, estatal, y la renta que quede aquí. No somos esbirros de la derecha ni serviles liberales”, dice con jerga de otras primaveras. “También estamos contra la soja. Queremos una patria justa, libre y soberana”.
Un poco más allá Marcela se presenta como feminista del grupo Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución. Su cartel plantea: “Las desaparecidas no tolerarían las violaciones a los derechos humanos que hoy comete el Estado. La lucha continúa”. Le digo que mucha de la gente que marcha no parece inspirada en los derechos humanos. “Pero bueno, es una marcha diversa. Para nosotras es importante que se hable de desaparecidos y que se sepa que el Estado comete violaciones”.  
Raúl Castells con su Movimiento de Jubilados y Pensionados había sido el más veloz para captar a las cámaras planteando justamente la cuestión jubilatoria. Había llegado en un viejo Ford Sierra con altoparlantes y cumbia.
Lejos de Plaza de Mayo, qué piensan del 8N: Esquel, Iberá, Neuquén
Marta Sahores integra la Asamblea No a la mina, de Esquel. Desde allí dijo a lavaca: “Hay temas de la actualidad que son positivos, como la ayuda por hijo y el juzgamiento por temas de derechos humanos. Nosotros hemos decidido no acompañar esta protesta. No estamos de acuerdo con el gobierno, pero no por eso vamos a marchar con la derecha y grupos golpistas como Cecilia Pando. Seguimos defendiendo la tierra, el agua, el medio ambiente, la vida de las futuras generaciones, y vamos a pedirle a este gobierno que escuche la voz del pueblo, pero no por eso estamos del lado de esta gente”.
Dos demonios
Marta no deja por eso de cuestionar a la Presidenta: “Da la imagen de soberbia, se lleva todo por delante, tiene una forma que parece autoritaria. Yo diría que se merece estas reacciones, en el sentido de que no se cuida –el gobierno, no sólo ella- de escuchar a los demás. No todo el que discute es gorila. Terminás en una teoría de los dos demonios. Y hay gente bien intencionada que me ha dicho: ‘el reclamo es la única forma de expresar mi descontento’. Y algo de razón tiene el que piensa así”.
Clarín
Marta Sahores, de Esquel: “No me cabe la menor duda de que Clarín debe estar atrás de todo esto, serían tontos si no lo hicieran. Pero quien da pie a que mucha gente apoye estas medidas es el gobierno. La Presidente y su equipo dejan en la vereda de enfrente a gente que hasta la votó. O sea, Clarín hace lo suyo, pero el gobierno tiene responsabilidad”. En todo caso, oficialismo y oposición mediática coinciden en ignorar la enorme movilización social generada en Esquel y en otros puntos del país contra el avance minero. “Clarín fue este año a Famatina, pero no es que nos apoye sino que le convenía para jorobar al gobierno”.
Lo masivo y lo popular
Desde Concepción, en Corrientes, Emilio Spataro comparte ideas: “El 8N no existió en la Argentina profunda. No es parte de la realidad ni la agenda ni las conversaciones. Lo que distingo es que no todo lo masivo es popular. No me sorprende que la derecha, que no tiene partidos, se vea impulsada por los medios grandes. Pero es triste que compañeros que han estado del lado de los movimientos sociales supongan que se puede emparentar esto con el 2001”.
Piquetes vs piquetes
En todos los casos, lo que parece en juego es el derecho a manifestarse libremente. Emilio: “Lo que yo distingo es la legitimidad. Como pasó en 2008 y los piquetes de la Sociedad rural. Una cosa es un piquete en una población desesperada y sin herramientas para hacerse oír. Algo muy distinto es un piquete de un sector económico que quiere mantener sus privilegios”.
Rural; ¿te copás?
Spataro no habla en defensa del gobierno: “Pero tengo claro dónde están los enemigos. Por eso no puede haber unidad de acción. Es cierto que la calle es de todos, la queja ante el gobierno puede ser de todos, pero no hay un programa contra el gobierno. No tenemos nada que compartir con ese sector. Queda seguir construyendo nuestro propio sueño. No va a decirle a la Rural ‘¿te copás con no avanzar con la soja, no eliminar bosques y no ser tan capitalista?”
Centro y periferia
Viviana Vaca es asambleísta de Loncopué, donde este año un referéndum minero obtuvo el 83% de los votos prohibiendo la megaminería.
“Es importante que todos se manifiesten. Pero creo que los reclamos de la gente de las ciudades son distintos que los del interior. Hay una oposición, una polarización, donde todo se mueve entre el 8 N y el 7 D pero, entre los que están con Clarín o con el gobierno, pero hay un montón de ciudadanas y ciudadanos que no estamos en eso. Yo creo que es buenísimo que haya una ley de medios que democratice la información, pero tampoco quiero que saquemos a un monopolio, simplemente para que haya otro”.
Sobre la Presidenta: “Es inteligente, le haría muy bien reconocer y decir que hay inflación, y vamos a pelearla. En cambio negar el problema genera bronca”. Para Viviana el problema del modelo va más allá: “El modelo extractivo no es un problema de los K sino del país. Ningún un político plantea algo diferente. No digo que sea fácil, pero volvemos a lo anterior: al menos reconocerlo. Pero no, todos se dan la mano. Propaganda oficial minera y propaganda de Barrick, y Clarín en sintonía. Ahí están los monopolios: empresas multinacionales que vienen por una segunda colonización”.
¿Y quiénes se oponen? “Las comunidades, aunque ni los gobiernos ni los medios las tengan en cuenta. Al final siempre son las comunidades las que plantean cómo es que se pueden pensar y hacer las cosas de un modo distinto”.

Fuente:  http://lavaca.org/notas/8-n-encuentros-cercanos-de-algun-tipo/

jueves, noviembre 08, 2012

Hernan Brienza: El doble estándar intelectual 


Aburren. Cansan. Ofenden. Insultan. Constantemente. Todo el tiempo. Sin intervalos. Sin intermitencias. Y sin embargo, siempre se las arreglan para ser las víctimas. Han construido un sistema de sentidos –un relato- que es falso, irrisoriamente falso, y lo sostienen de manera hipócrita y agresiva. Juegan con cosas que no tienen remedio, desvalorizan los significados construidos en las últimas décadas. Se disfrazan de "progres" abstractos y en la práctica son feroces conservadores y no encuentran contradicciones en abrazarse con lo peor que tiene la sociedad argentina. Como quedará demostrado el 8 de noviembre –no me gustan los demasiado españolizados 8N o 7D- por las calles de Buenos Aires danzarán juntos Jorge Lanata y Cecilia Pando, Elisa Carrió y Aldo Rico, Magdalena Ruiz Guiñazú y Luis Barrionuevo, Victoria Donda y monseñor Héctor Aguer.
  Y estarán, como en un Cambalache posmoderno, en el mismo lodo todos manoseados.
Héctor Magnetto, quien como Alfredo Yabrán siempre supo que "el poder es impunidad", ahora debió salir a dar la cara y montar una operación política mandando mensajes de tipo mafioso desde Montevideo. Mala noticia para los suyos. Cuando un ajedrecista hace jugar al Rey y lo saca de la comodidad del enroque significa que se acortan los tiempos y que ya no quedan demasiados recursos. "Optimista", porque, según él –ha logrado con su multimedio, en realidad- "la sociedad está empezando a reaccionar y pienso que tiene reservas para sostener esta batalla –contra el gobierno nacional- en el tiempo", Magnetto sostuvo que lo que permite entablar esa guerra es el dinero y no la verdad. Y le plantó al gobierno una advertencia: "Todos sabemos que el dinero en algún momento se empieza a agotar." La tiene clara el CEO de Clarín: no hay batalla cultural, no hay libertad de prensa ni valores democráticos en juego, sencillamente, según su visión, hay "guerra de recursos", gana el que tiene la billetera más abultada. Y para él, el Grupo Clarín dispone de más dinero que el Estado argentino. Así se entiende, entonces, su desafío a la democracia argentina y a la Ley de Medios: el que tiene dinero hace lo que quiere.
El poder es impunidad y violencia es mentir.
Hace un par de años escribí que Carrió era la gran bastardeadora de la Palabra. Porque para ella sólo eran medios "para generar títulos para el diario Clarín o La Nación. No tienen peso en sí mismas. Pueden decir o desdecir, pueden profetizar pariciones que nunca se producen o despertar huracanes que jamás arriban a la realidad. Están allí para generar impacto mediático".
Las palabras están cargadas de recuerdos, de dolores, olores y sufrimientos. Por eso cuando Carrió asegura que el gobierno actual es una dictadura, está burlándose de los 30 mil desaparecidos, de los millones de silenciados, de los miles de exiliados, de los miles de detenidos. Cuando compara a Cristina Fernández con Hitler, con una sonrisa prepotente y burlona, con la soberbia de quien sabe que tiene licencia para usar el micrófono –¿cuánto hace que Carrió no debate con alguien; cuánto hace que Carrió no hace otra cosa que hablar para un auditorio mediático que sólo está allí para aplaudir sus iluminaciones proféticas?– no hace otra cosa que humillar a los 6 millones de personas –judíos, gitanos, marxistas, homosexuales– que fueron masacrados en los campos de concentración nazis. Lo que hizo Carrió es un acto de irracionalidad discursiva. Porque, además, jugó con el contenido simbólico y emocional que tienen las palabras "dictadura" y "nazismo".
Desgraciadamente, lo hace siempre. No le sirve para mucho, ya que en las últimas elecciones no representó ni al 2% de la población. Fue tan brutal su derrota que hasta mintió con que iba a dejar la política. Pero eso, como los huracanes y las pariciones, tampoco fue cierto y ahí la vemos, en TN, la señal de su patrón y mentor, mintiendo.
En la sesión del miércoles a la noche, el jefe de la Cámpora, Andrés Larroque, también "estiró los conceptos" teóricos. En plena sesión, chicanero y apasionado, dijo: "Escuchamos a los diputados socialistas decir que no quieren más jóvenes muertos... qué bueno porque hasta hace unos días tenían un jefe policía narcotraficante. He leído sobre el socialismo científico, sobre el socialismo utópico, pero nunca escuché hablar de narcosocialismo, es una pena." Los opositores estallaron en el recinto y rasgándose las vestiduras como los fariseos se retiraron ofendidísimos y escandalizados por lo que había dicho "el Cuervo", como se lo conoce al ya no tan joven diputado.
Sin embargo nadie se había agarrado de los pelos cuando Carrió había dicho minutos antes: "¿Para qué introducirlos (a los jóvenes) en la adultez? ¿A qué tiempo queremos hacerlos responsables de lo que nosotros hacemos? Que disparate hacerlos responsables a nuestros hijos de 16 años. ¿Qué van a ofrecer a cambio del voto? ¿Dinero, acaso droga?". Quedaba claro, la diputada estaba acusando a los oficialismos de comprar votos con drogas. Nadie se alteró. Nadie se horrorizó. Nadie saltó de su banca. Total, Carrió tiene licencia para mentir y ofender. Tiene impunidad. Perdón, inmunidad parlamentaria. Y la protección de Magnetto, claro, que esa "mismita" noche la llevó a TN a que hiciera ante las cámaras su papel de Annie Wilkes, el personaje femenino de la película Misery.
Es cierto que hay un poco de chicana y un poco de estiramiento conceptual en la frase "narcosocialismo". Pero también es cierto que el eurocentrismo argentino tiene mucha incidencia en este caso. La palabra "Socialismo" tiene tanto prestigio para las clases medias progresistas que, aún cuando se hable de "socialismo" como expresión local o partidaria, genera un áurea de respeto cuasi religioso. Es tan educado, tan formal, tan urbano, tan modosito, que es imposible pensarlo como aliado a una de las peores policías del país. Y sin embargo, perdón por la mala noticia, sino la conducen o son débiles o cómplices.
Lo que llama la atención, en realidad, es el doble estándar intelectual. Eduardo Duhalde, prácticamente, vendía droga con su familia en un kiosquito con su familia en Lomas de Zamora. Adolfo Rodríguez Saá o Juan Carlos Romero eran poco más que recontraagentes del narcotráfico, Daniel Scioli es cómplice de la Maldita Policía. Claro, eran peronistas. Sin embargo, los prolijos y educaditos socialistas son apenas "víctimas" de la situación, "inocentes muchachitos que desconocían" la situación de la "Maldita Policía Santafesina".
Puede ocurrir lo siguiente: que los poderes políticos democráticos sean efectivamente débiles frente a los aparatos de seguridad armados y una de las tantas estrategias posibles sea la complicidad con esas policías. Es probable que sea menos doloroso para los gobernadores "tranzar" con los jefes policiales que combatirlos. La política de seguridad del sciolismo apunta en esa dirección. Pero ¿por qué en el caso del socialismo santafesino no? ¿Es posible que una fuerza que controla la provincia desde hace ya tantos años no sea consciente de que tiene a varios jefes policiales comprometidos con el narcotráfico y que, además, es una de las fuerzas -según la nada kirchnerista Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi)- con más casos de gatillo fácil en el país? ¿Cómo puede ser que una provincia socialista tenga una policía feroz? Es posible que no se trate de "narcosocialismo", como lo llamó Larroque, pero no es fácil negar que al menos se trate de un "inocuosocialismo".
Pero, claro, contra el Peronismo se puede decir cualquier cosa. Total, ya ha sido proscripto, perseguidos sus militantes, fusilados sus dirigentes, corrompidos muchos de sus líderes, torturados y encarcelados miles de sus cuadros. En cambio, sobre el socialismo, cualquier crítica lesiona la "honorabilidad" de su buen nombre. Hay un poco de hipocresía en todo esto, me parece.
A decir verdad, hay mucho de hipocresía en todo esto. Todos sabemos que la mejor arma para destruir al narcotráfico es legalizar y reglamentar la producción, el comercio y el consumo de estupefacientes. Inclusive, muchos diputados que se hacen "los caretas" y se hacen los ofendidos consumen –como en cualquier otro estrato y profesión de la sociedad- algún tipo de drogas. Entonces, no se hagan los desentendidos. Muchos zaracean contra el narcotráfico y después en sus casas se prenden un "porrito" porque es cool, moderno y progresista.


Fuente tex
to: Diario Tiempo Argentino